Este proyecto surge de una exploración sobre la experiencia de la ira y su capacidad para alterar la percepción del cuerpo y del sujeto sobre sí mismo. A través de la pintura y el trabajo con arcilla, busca explorar cómo los estados de aceleración, frenesí y pérdida de autopercepción, asociados a la rabia, se manifiestan en el movimiento del cuerpo y en las huellas materiales que dejan las acciones impulsivas. La práctica artística funciona como un espacio de observación y traducción plástica, cuyo propósito no es surgir del impulso, sino mostrarlo, por ello, gestos, ritmos y rastros se convierten en elementos centrales de la investigación.
La ira suele considerarse negativa por su carácter impulsivo o desbordante, sin embargo, el proyecto no busca imponer juicios moralizantes, sino explorar la dimensión corporal de la emoción en su estado más crudo y sincero. Para ello me centraré en los momentos de mayor intensidad, en los que ocurre una especie de desdoblamiento entre acción y conciencia, en el que el sujeto parece observarse desde el exterior.
El proyecto funciona como registro o traducción de esta sensación brusca y cambiante de extrañamiento respecto del propio cuerpo.