La exposición en linea de los proyectos de grado del Pregrado en Arte son un registro del paso de nuestros estudiantes por nuestro pregrado que documenta el trabajo que hacen para obtener el título de Mestro en Arte por la Universidad de los Andes.

Antología del no estar – María Mercedes Gutiérrez Ramírez

“Antología del no estar” Es una instalación de sofás pintados al óleo sobre telas mixtas que reflexiona sobre la ausencia, el vacío y la memoria. Donde el intento de llenar el espacio es reflejado por medio de la figura del sofá, que se convierte en un lugar simbólico de encuentro, de soledad, de recuerdos compartidos y, finalmente, de ausencia. Los sofás son descritos como espacios llenos de historia, de momentos felices y tristes, pero también de un desgaste inevitable. Se explora con sensibilidad cómo los objetos y recuerdos, a través del tiempo, se convierten en las memorias de lo que ya no está.

Entrevista con la artista

 

Textos de los jurados de Tesis

Cristina Figueroa

El proyecto de María Mercedes Gutiérrez es potente y vital. La instalación presentada articula de manera propositiva y contundente la problemática de la ausencia, que también se explora a través de la escritura. Es un trabajo valiente, con riesgo en lo plástico y lo personal, guiado por intuiciones afinadas y una buena capacidad de toma de decisiones que permitieron concretar una propuesta ambiciosa y comprometida. El tratamiento de la pintura y la puesta en escena instalativa demuestran destreza, libertad y un proceso de creación y pensamiento decantado.

El proyecto pone en juego el ejercicio de la pintura como proceso y espacio de pensamiento, y a la vez como posibilidad de crear espacio para el cuerpo. María Mercedes pareciera haber abierto, a través de la pintura y la instalación, la posibilidad de un espacio de vida ante la pregunta sobre la ausencia, un espacio habitable, corpóreo. Ella habla de “incorporar[se] en la pintura”, lo cual resulta misterioso: a lo largo del texto que acompaña la obra pareciera haber una pregunta ontológica y existencial sobre la ausencia, ¿cuál podría ser la sustancia de la ausencia? ¿su existencia? Estas preguntas parecen paradójicas, sin embargo el proyecto las pone en juego fenomenológicamente a través de la pintura, la instalación y la escritura poética, a través del cuerpo de estos medios. Y creo que en últimas, a través de la presencia misteriosa de su cuerpo y el cuerpo del otro en estos medios. Es tal vez así como como se incorpora la ausencia y como la presencia aparece y se moviliza en el espacio vacío, en el espacio negativo*. Lograr esto, creo yo, no es cosa menor.

*Recomiendo ver los ejemplos sobre Pierre en El ser y la nada de Jean Paul Sartre.

Juan Rodríguez Varón

Sobre “Antología del no estar”, por Maria Mercedes Gutierrez

Creo que la pintura, para María Mercedes Gutiérrez, opera particularmente desde su posibilidad como ejercicio de atención a lo cambiante, como señalamiento a un momento dentro del constante flujo de instantes. El intento por capturar lo inasible funciona tanto para el tiempo como para el paso de las personas, al menos para repasar con profundidad la huella que dejó su presencia. El sofá de su sala, y el de todas las salas de su familia donde la mayoría de los encuentros significativos han tenido lugar, es índice de la presencia de aquellos que ha amado y de algunos que se han ido. El sofá es a las personas como la pintura es a los instantes: pintar el cuerpo del mueble es acercarse al negativo de quienes estuvieron allí. Esta investigación por Gutiérrez desemboca en una pintura que necesariamente es objeto, cuerpo, como los cuerpos ausentes sobre los que está pintando. Cuerpos de los seres amados con los que se compartió un lugar y dan sentido a la presencia y al amor propio. Simultáneamente, el trabajo necesita la ambivalencia entre lo objetual de la pintura y la virtualidad de su imagen. Es la dureza del óleo grueso sobre la tela sin preparar, el peso de esta, suelta, ondulante y tocando el suelo, junto con las uniones robustas entre fragmentos de lonas de distintas calidades, lo que sostiene la imagen turbia de los sofás usados por años, creando el temperamento de lo que para la artista es sondear la pregunta por la ausencia. La decisión por la materialidad de estas imágenes es lo que permite sentir que se toma con las manos, se moldea, este cuerpo que sostuvo los cuerpos amados. Dicha dualidad es el punto que convierte a la pintura un crisol para el vacío de quienes son extrañados, el dolor de recordarlos y el deseo de vivir. La pintura, para Gutiérrez, es un ejercicio de fijación y comprensión: un esfuerzo por anclar en la materialidad el flujo de instantes que conforman la existencia, mientras la pregunta por su propia vida se encarna en su presente. En esta honestidad valiente, la obra no solo celebra la vida compartida, sino que afirma la transitoriedad y belleza de la presencia mientras esta persiste. Diciembre 4, 2024

Juan Rodríguez Varón

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