Varias interpretaciones de algo que tal vez olvidé es un autorretrato a través de una habitación que actúa como reflejo de mi mente: un palacio de la memoria dividido en tres niveles que existen simultáneamente. Es un juego de miradas sobre las cosas, las personas y los momentos que he visto, pero también sobre cómo me han visto. Una exploración de la naturaleza efímera de los recuerdos y del acto mismo de recordar.
El primer nivel, objeto y espacio, es la puesta en escena de una habitación: fotografías, material de archivo propio y bodegones construidos a partir de objetos personales conforman una memoria material estática.
El segundo nivel, luz y tiempo, es una intervención de esa misma escena mediante el video, la proyección, la imagen fantasma y el sonido. Aquí todo muta, cambia, aparece y desaparece. A partir del tiempo se teje un relato hecho de fragmentos, de momentos, de imágenes pobres y de material intervenido.
Finalmente, el tercer nivel, raíz y conciencia, se materializa en una página web que explora la plasticidad de los recuerdos a través de una analogía entre el código y lo digital: una reflexión sobre mí mismo y mi forma de recordar mediante el lenguaje de las máquinas. Habla de lo que permanece en el inconsciente: la repetición, la fragmentación y lo que no se dice. Indaga en aquello que a simple vista no se ve y solo aparece cuando se decide interactuar.