La exposición en linea de los proyectos de grado del Pregrado en Arte son un registro del paso de nuestros estudiantes por nuestro pregrado que documenta el trabajo que hacen para obtener el título de Mestro en Arte por la Universidad de los Andes.

Nada tiene forma, pero todo deja rastro – Martín Soriano Rodríguez

Es una exploración pictórica de los límites entre lo consciente y lo subconsciente, la forma y la ausencia, la luz y la sombra. A través de llenar completamente un espacio de pinturas, la obra se sumerge en un diálogo directo con el inconsciente, guiada por la intuición y el flujo del pensamiento.

No busca representar sueños de manera literal, sino capturar su esencia: lo fragmentario, lo efímero, lo enigmático. Las imágenes abstractas emergen como vestigios.

La técnica evita el sobrepensamiento, apostando por la repentización como un método de conexión con lo irracional. Las composiciones juegan con la ambigüedad mediante contrastes, espacios negativos, sombras, sujetos, monstruos, colores sugestivos,etc. Evocando sensaciones antes que narraciones. Influenciado por el surrealismo, el cine de Lynch y Buñuel, y el pensamiento de Freud, el proyecto abraza lo experimental y la improvisación en una instalación donde las pinturas por medio de sus distintos lengaujes, formas y tamaños dialogan entre sí. Algunas piezas son más explícitas y trabajadas técnicamente; otras, indecifrables y veloces, como las ideas de la mente.

Este trabajo invita a perderse en los intersticios de la mente, donde cada espectador proyecta su propia visión en el vasto paisaje de lo onírico e irracional.

 

Textos de los jurados de Tesis

Felipe Barreiro

Texto sobre el trabajo de grado “NADA TIENE FORMA; PERO TODO DEJA RASTRO”

Podemos señalar que deja una muy buena valoración, El estudiante logra ser claro en sus intenciones y referentes podemos notar que es honesto respecto a su cosmovisión del arte y sus intenciones de utilizarlo como método en la pintura y en la escritura para revelar el inconsciente y así entender de manera más completa al individuo (este tipo de enfoque lo vemos en las vanguardias y movimientos del siglo XX desde los surrealistas, dadaístas,Navis y expresionistas abstractos para quienes el arte cumplia una funcion vital en el desarrollo del ser y la sociedad) es notoria la espontaneidad pero a la vez el control en sus piezas expuestas lo que revela que el estudiante tiene ya bastante tiempo de trabajo y un nivel de experticia que pertenece a un artista profesional. Por ende la calificación de su trabajo nos ha parecido a los jurados debe ser (4.8). EXCELENTE: El estudiante alcanzó a cabalidad los objetivos propuestos. Aprovechó el curso y la calidad de su trabajo fue excelente.

Tupac Cruz

En los textos que acompañan su trabajo de grado Martín lo presenta como un ejercicio afín a las prácticas surrealistas del automatismo. La tradición surrealista, que no es unívoca, le asigna varias tareas a estos ejercicios: la de darnos acceso a estratos recónditos de nuestra constitución psíquica individual o colectiva, o la de ayudarnos a disolver costumbres y convenciones de pensamiento y de creación que se han naturalizado y petrificado. Un texto o una imagen producidos siguiendo un método automático sería entonces como el resultado de un procedimiento; en esta tradición, el automatismo demarca una especie de rigor, un sistema al que hay que ceñirse para obtener unos datos de otra forma inaccesibles, para asignarle relevancia a algo que aparenta no tenerla, o para compilar atisbos que luego se organizan, comparan o analizan. Ahora bien, aunque se refiere a esta tradición, el trabajo de Martín no es sistemático en este sentido. Las pinturas que componen su tesis son casi todas escenas compactas armadas a partir de brochazos rápidos, con unos pocos personajes en espacios interiores o exteriores apenas sugeridos. Martín nos dice que las pintó sin detenerse a pensar o proyectar la imagen, de lo que inferimos que su interés por el automatismo es más negativo que productivo o epistémico: lo usa, quizás, como un protocolo que justifica la evasión de los protocolos aprendidos en el entorno académico, una estrategia para justificar la carencia de una justificación académica. Nos dice también que le interesaba ante todo producir un buen número de pinturas y que por eso no se cuidó tanto del acabado de cada una de ellas. Las dispuso cubriendo un muro cóncavo, intercaladas con pequeños espejos en los que se veían grabados negativos crudos con composiciones sencillas de elementos cuasigráficos rudimentarios. También las pinturas tenían una complexión gráfica, por la economía de colores, los brochazos marcados, la falta de profundidad visual y la estructura esquemática de las situaciones representadas: una persona en un lugar, dos personas agarrando a otra, una colina, un árbol. Algunas de estas situaciones parecen aludir al imaginario convencional de las angustias juveniles, pero la mayoría de ellas evocan emociones más bien inciertas. La mirada que recorre el muro cubierto de pinturas va pasando por estaciones que son cada una una especie de emoción obnubilada, confusa como en un sueño, pero tenue. Algunas de estas pinturas son gemas visuales, acertijos que podemos saborear porque sabemos que no tienen solución; son compactas y logran capturar la mirada y darle tiempo, pero también son sucintas y facilitan el tránsito entre imágenes contiguas, o saltos entre imágenes que comparten un color dominante o un personaje. Una mirada sistemática podría tratar de clasificarlas, encontrar grupos y establecer secuencias; como hay una acción en curso en casi todas, se las puede leer como fotogramas, instantes capturados y extraídos de un flujo continuo. Pero son al mismo tiempo gestos pictóricos básicos y firmes, y en esa medida funcionan casi como abstracciones. Martín también escribió algunos textos literarios en los que utiliza un repertorio de motivos estilísticos del modernismo del siglo pasado y que se pueden leer como una contraparte culta al primitivismo o rusticismo de sus pinturas. Aquí se percibe entonces que la suya no es una disposición creativa basada en las ideologías de la ingenuidad o la espontaneidad. Cierto que las pinturas sugieren una pulsión, la fuente de un idioma visual que Martín podría seguir elaborando año tras año, como en la obra de Philip Guston o Raymond Pettibon. Pero en sus textos y en la conversación con los jurados Martín lo describe más bien como un proyecto aislado, quizás un ejercicio de estilo, sin relación con lo que ha hecho antes o lo que hará después. No es entonces su idioma, sino un idioma que decidió aprender, y sin duda lo logró. Hay entonces un desfase entre el marco teórico e histórico en el que Martín sitúa su trabajo y las pinturas que produjo, pero yo diría que es un desfase fértil: quizás Martín hizo algo distinto de lo que pensaba estar haciendo, pero sin duda produjo un conjunto muy sólido y vivo de obras discretas, directas y honestas. 

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