En los últimos años, decidí orientar mi obra hacia las plantas y la naturaleza, rindiendo homenaje al legado de mi padre, ingeniero forestal. Crecí rodeado de bosques, aprendiendo sobre ellos a través de él. Entre muchas especies, destacó el árbol del carbonero, símbolo especial de mi infancia y significativo para Medellín.
Este árbol endémico, cuyas flores coloridas decoraban las montañas de la ciudad, es ahora víctima del crecimiento urbano descontrolado. La expansión ha destruido el hábitat de múltiples especies, llevando al carbonero al borde crítico: para 2021, quedaban apenas 34 ejemplares en la región.
Mi proyecto artístico busca expresar esta fragilidad mediante la materialidad del vidrio. He creado 34 flores de carbonero, elaboradas con cientos de filamentos de vidrio soplado, asemejándose a la flor natural. La delicadeza del vidrio refleja directamente la vulnerabilidad del árbol.
Las piezas serán instaladas en un espacio delimitado por la sombra proyectada de las ramas del carbonero, generando así una sensación de ausencia. Este recurso visual refuerza la idea de pérdida, destacando la ausencia física del árbol en un contexto de memoria y reflexión sobre el impacto ambiental del crecimiento urbano.